martes, 16 de octubre de 2012

PERDÓN


“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y
el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus
ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis
a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”
Mateo 6:12-13 RV60

DEFINICIÓN:

Perdón1 significa remitir o liberar a alguien del castigo que merece a causa de
una deuda u ofensa (Deuteronomio 15:1-2).
El perdón es una de las expresiones más profundas del amor de Dios hacia una
persona (Juan 3:16; Efesios 2:4-5), pues por el gran amor con que nos amó, nos
permite ser reconciliados con Él por medio de la fe en Jesucristo (2 Corintios 5:14-21).
“Perdón” es un principio, es decir, una ley espiritual, por lo tanto debe ser
entendido tanto como una disposición del corazón (amar) así como una actitud a
tomar (perdonar). Hablar perdón es hablar amor, ambas cosas no pueden ser
entendidas ni practicadas por separado.

AMOR + PERDÓN = RECONCILIACIÓN

PERDÓN DIVINO:

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne,
os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.”
Colosenses 2:13 RV60

La Ley establece que el precio a pagar por causa del pecado es la muerte
(Romanos 6:23), pues sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados
(Hebreos 9:22). Toda la humanidad tiene esa deuda delante de Dios, por cuanto
todos pecaron (Romanos 5:12). Sin embargo, Dios dispuso enviar a su Hijo
Jesucristo para que en Él fuera pagado el precio de nuestro pecado, perdonando
nuestra deuda (Mateo 26:28), a fin de reconciliarnos con Él.

“Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré
mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me
acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay
más ofrenda por el pecado.”
Hebreos 10:16-18 RV60

PERDONAR A OTROS:

Perdón: Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente
(Diccionario RAE).

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano
que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta
setenta veces siete.”
Mateo 18:21-22 RV60

El gran mandamiento expresado por el Señor Jesucristo (Mateo 22: 36-40)
establece que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y así
también a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Como dijimos anteriormente,
cuando hablamos de amor debemos referirnos ineludiblemente al perdón. Ambos nos
fueron dados por gracia, y es de esta misma manera que el Señor nos ordena a actuar
con nuestros hermanos.
En respuesta a la pregunta del apóstol Pedro, el Señor Jesucristo se refiere la
necesidad de estar siempre dispuestos a perdonar a nuestros hermanos, así como Dios
lo ha hecho con nosotros (el número “siete” representa para los israelitas la perfección
y plenitud divina).
Amamos a Dios por que el nos amó primero (1 Juan 4:19), así también
necesitamos perdonar a otros como hemos sido perdonados por Cristo (Colosenses
3:13).

ATAR2 Y DESATAR3:

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será
atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”
Mateo 16:19; 18:18 RV60

Las “llaves del reino de los cielos” entregadas por el Señor Jesucristo la Iglesia,
corresponden a la autoridad delegada para remitir pecados (Juan 20:23), la cual es
fundamental para que podamos desarrollar el ministerio de la reconciliación que
hemos recibido de Él (2 Corintios 5:18-20).
La palabra “atar” guarda estrecha relación con “aprisionar”, puesto que
significa sujetar con cadenas para limitar o impedir el movimiento. En relación a esto
último, debemos recordar que el Señor Jesucristo vino justamente para publicar
libertad a los cautivos y a los presos apertura de la cárcel (Isaías 61:1-2). Dichas
cárceles son primeramente espirituales, y representan lugares de tormento para el
alma, por lo tanto, somos nosotros, la Iglesia, quienes tenemos la responsabilidad de
compartir las buenas nuevas, es decir, la reconciliación con el Padre por medio de la fe
en Jesucristo. El perdón es “liberador”, pues el Señor viene a desatar las ligaduras y
todo tipo de cadenas que nos impedían acercarnos a él, quitando de en medio la

Atar:
- Unir, juntar o sujetar con ligaduras o nudos. Impedir o quitar el movimiento (Diccionario RAE).
- Sujeto con dos cadenas. Ligar, envolver, sujetar, obligar, encadenar en el espíritu (Diccionario Vine
N.T.).
3 Desatar:
- Desenlazar una cosa de otra, soltar lo que está atado. Disolver, anular (Diccionario RAE).
- Abrir, soltar las cadenas, deshacer (una unión), quitar, derribar, quebrantar (Diccionario Strong)
- Destruir, abrir, separar (Diccionario Vine N.T.)

barrera separadora del pecado. El Señor nos ha dado autoridad para desatar y liberar
en su nombre, no podemos permanecer pasivos frente a esta responsabilidad tan
grande.

FALTA DE PERDÓN:

“Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te
perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte
compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y enojado, su señor
lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que
debía. Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno
perdone de corazón a su hermano.”
Mateo 18: 32-35 NVI

La falta de perdón, hace con que aquél que no perdona sea echado en
una “cárcel espiritual”. La deuda, como mencionamos anteriormente, corresponde al
precio a pagar por causa del pecado. Dicha deuda solo es cancelada cuando creemos
en Jesucristo y su obra redentora en la cruz. Así como recibimos el perdón por gracia,
debemos perdonar de la misma manera, de lo contrario, somos nosotros mismos
quienes padeceremos las consecuencias de la falta de perdón. Recordemos, la
consecuencia del pecado es la muerte.
Como todos entendemos, una cárcel corresponde a un lugar en donde estamos
privados de libertad. Así mismo ocurre en el mundo espiritual, cuando pecamos, y
específicamente, no perdonamos, somos puestos en una prisión, quedando cautivos,
impedidos de vivir en la libertad que el Señor Jesucristo liberó sobre nosotros al vencer
en la cruz.
Dios resiste a los soberbios (Santiago 4:6). La falta de perdón expresa la dureza
del corazón, y esto último es sinónimo de “soberbia”.

TOMAR ACUERDO4:

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca
de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos.”
Mateo 18:19-20 RV60

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será
culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será
culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el
concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por
tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu

Acuerdo:
- Determinar o resolver de común acuerdo. Resolver, determinar algo antes de mandarlo. Conciliar.
Convenio entre dos o más partes (Diccionario RAE).
- Convenir, concordar, sonar juntamente, armonizar (Diccionario Vine N.T.).

hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario
pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue
al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás
de allí, hasta que pagues el último cuadrante.”
Mateo 5:21-26 RV60

lunes, 24 de septiembre de 2012

Nacer de nuevo: Agua y Espíritu


“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los
judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios
como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios
con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre
nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y
nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y
del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne
es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es
necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni
sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”
Juan 3:1-8 RV60

•NACER DE NUEVO:

Nacer de nuevo requiere, necesariamente, morir a nuestra vida pasada. Nadie
puede nacer de nuevo sino solo por la fe en el Señor Jesucristo y su obra redentora
en la cruz. Debeos morir a nuestra vida (nacida de la carne) para hallarla (vida en el
Espíritu) en Él (Mateo 16:25).
Todo lo nacido de la carne es contrario y persigue a aquello que es nacido del
Espíritu (Gálatas 4:29; 5:17). Por lo tanto es necesario desechar y morir a nuestra
vida nacida en la carne y a cada uno de sus frutos (Gálatas 5:19-21) para nacer a
una nueva vida, la cual proviene del Espíritu Santo de Dios, el mismo que levanto a
Jesús de entre los muertos (Romanos 8:11).
Morir a la vida de la carne por medio la fe en Cristo Jesús nos hace libres de la
ley y la condenación permitiéndonos vivir bajo la gracia de Dios a través de su
Espíritu (Romanos 7:6; 8:1)

“[Dios] nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su
misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu
Santo.”
Tito 3:5 RV60

Ver el Reino de Dios:
Conocer, entender, saber, percibir. Todo esto es una obra del Espíritu Santo en
nuestras vidas.

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para
él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En
cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.”
1 Corintios 2:14-15 RV60

NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

•Entrar en el Reino de Dios: Venir a existencia, venir a la vida, comenzar a ser.
La manifestación del Reino de Dios en nuestras vidas es obra del Espíritu Santo

“Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.”
1 Corintios 4:20 RV60

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y
me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la
tierra.”
Hechos 1:8 RV60

AGUA: Purificación; Santificación; Bautismo; Palabra de Dios.

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido
bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte
por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”
Romanos 6:3-4 RV60

Carne: Naturaleza humana, sensual y animal, la cual está gobernada por
pasiones y deseos contrarios a la voluntad de Dios. Ocuparse en satisfacer
la vida de la carne distancia al hombre de Dios, conduciéndole a la muerte
(Romanos 8:5-6).

ESPÍRITU SANTO:

(hb.) Ruaj; (gr.) Neuma: Espíritu de Dios, aliento, aire, viento, espíritu, soplo.
-Dios es Espíritu (Juan 4:24).
-El Espíritu Santo es la promesa del Padre (Lucas 24:49).
-El Espíritu Santo en todo da testimonio de Jesucristo; Consolador; Espada del
-Espíritu es la palabra de Dios (1 Juan 5:8; Juan 15:26; 1 Corintios 12:3; Efesios
6.17)

Nacidos del Espíritu:

Los hijos de Dios no son nacidos (engendrados) por voluntad de sangre, carne o
varón, sino del Espíritu.
- El Espíritu Santo es la vida de Dios en nosotros (Génesis 2:7).
- Si hemos nacido del Espíritu, debemos vivir en el Espíritu y ser llenos de Él
(Gálatas 5:25; Efesios 5:18)
- Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios (Romanos
8.14).
- Recibimos le Espíritu Santo por oír con fe y no por nuestras obras (Gálatas 3:2)
- Somos templo del Espíritu Santo (1 Corintios 3:16).
- Dios nos ha sellado con su Espíritu Santo (2 Corintios 1:22).
-El Espíritu Santo nos enseña todas las cosas, dándonos a conocer lo profundo
 del corazón de Dios (Juan 16:13; 1 Corintios 2:11).
- El fruto del Espíritu en nuestras vidas es la manifestación del carácter de Cristo
(Gálatas 5:22-23).

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo
han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos
también por el Espíritu.”
Gálatas 5:22-25 RV60

lunes, 13 de agosto de 2012

JESUCRISTO EL PAN DE VIDA


“Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el
pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y
el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”
Juan 6:48-51 RV60

SUSTENTO:

Definición: Alimentar, nutrir, dar de mamar, abastecer, engordar, hacer crecer,
criar, educar (Diccionario Strong, VINE nt.).

El sustento para la vida del hombre esta representado en la Biblia
principalmente a través de la figura del “pan” (Génesis 3:19; Salmo 104:15b;
105:40). El significado de esta “provisión” trasciende al plano natural, y debe
entenderse como aquello que da sustento a la vida. El Señor Jesucristo declara
lo siguiente: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale
de la boca de Dios.” (Mateo 4:4 RV60). De esta manera revela el carácter
primeramente espiritual del sustento que proviene de parte de Dios. Jesucristo
es la palabra viva (Juan 1:1), el pan de vida que nos sostiene y nos hace
permanecer en Dios.

“Me buscáis no por la señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.”
Juan 6:26 RV60

MANÁ / PAN DE VIDA:

Manifestación de la gracia de Dios: Recordemos que luego de la caída en Edén,
el sustento para la vida del hombre pasó a estar condicionado a su esfuerzo por
causa del pecado: “con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas
a la tierra.” (Génesis 3:19 RV60). La provisión sobrenatural del sustento es
manifestación de la gracia de Dios, es decir, del propósito reconciliador de Dios
para con los hombres por medio de Jesucristo, el único y verdadero sustento
para vida eterna.

Israel recibe el Maná en el desierto: El pueblo de Israel recibió el sustento
sobrenatural de manera natural. Su entendimiento estaba entenebrecido
a causa del pecado, pues murmuraban contra Dios anhelando el alimento
que tenían en Egipto. Aún sujetos a una mentalidad y un corazón esclavos,
su respuesta frente a la provisión de Dios fue decir “¿qué es esto?”, es
decir, “Maná” (Éxodo 16), no pudiendo entender que el “pan del cielo” era

más que un alimento físico, sino la manifestación de la gracia de Dios para
preservación de su pueblo, o sea, una figura profética del Cristo.

Jesucristo es el verdadero “Pan del cielo”: Los israelitas conocían a Dios
como proveedor, sin embargo dicho conocimiento era limitado por causa
de la dureza de sus corazones (Juan 6:30-31), la que a su vez daba lugar a
la incredulidad. Jesús se revela a ellos como el “Pan de Vida”, el verdadero
pan del cielo, aquel que siendo enviado por el Padre descendió del cielo para
dar vida a los hombres. No obstante ellos cuestionaron dicha revelación,
argumentando un conocimiento natural de Jesús que les volvía imposible
creer que el era la respuesta de Dios a la necesidad de sustento para sus vidas.
En cierta manera, así como sus padres declararon en el desierto: “¿Qué es
esto?”, el pueblo volvió a manifestar su desconcierto e insatisfacción frente a la
provisión de Dios.

“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del
cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios
es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.”
Juan 6:32-33 RV60

La insatisfacción frente a la provisión dispuesta por Dios (y la
murmuración antes, durante y después de recibirla) no dista de la realidad de
muchos cristianos, quienes poniendo su mirada solo en lo natural, ya sea en el
deseo de ser satisfechos en sus necesidades y/o placeres, así como encontrar
respuesta inmediata a los afanes del corazón, terminan por rechazar la
voluntad de Dios sobre sus vidas. El Señor Jesucristo nos llama a trabajar, no
por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la
cual solamente proviene de Él (Juan 6:27). Dicho alimento no es fruto de
nuestras propias fuerzas sino de la gracia de Dios sobre nuestras vidas, pues es
espiritual y corresponde a toda Palabra que sale de la boca de Dios (Mateo
4:4), las palabras de vida eterna que solo podemos encontrar en Jesucristo
(Juan 6:68). Tenemos la necesidad de pedir al Padre ese sustento espiritual
diario para permanecer en Él. Así como había una provisión para cada día en el
desierto, existe hoy, de parte de Dios, una provisión diaria para cada uno de sus
hijos.

“[Padre] el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.”
Mateo 6:11 RV60

PARTICIPAR DE ÉL:

Comunión: “Participación, la parte que uno tiene en algo”. El sustento viene
por “participar” del pan de vida (tener parte, recibir una parte), para esto, el
pan primeramente debe ser partido (Isaías 53). El Señor realizó la partición del
pan frente a muchos al alimentar a las multitudes, así como también lo hizo en

la intimidad con sus doce discípulos. El significado era el mismo, “solo quien
come de Él permanece en Dios y tiene vida eterna.”

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le
resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi
sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí
permanece, y yo en él.”
Juan 6:54-56 RV60

El pan declarado por el Señor es su cuerpo: “Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue
sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5 RV60). El cuerpo y
la sangre del Señor fueron entregados para que tuviéramos parte con él
delante del Padre por medio de la fe. Comer del pan de vida es hacer nuestro
por la fe el sacrifico de Jesús en la cruz, declarando que por Él estamos muertos
a nuestra antigua manera de vivir, y que a su vez, hemos recibido vida
juntamente con Cristo para vida eterna, la cual ha sido dad a través del perdón
de nuestros pecados y la manifestación de su Espíritu sobre nuestras vidas. El
cuerpo de Cristo es también su Iglesia, pues “El pan que partimos, ¿no es la
comunión del cuerpo de Cristo? siendo uno solo el pan, nosotros con ser
muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” (1
Corintios 10:16b-17 RV60).

Cena del Señor: La cena realizada por el Señor Jesucristo junto a sus discípulos
es un acto espiritual. De esta misma manera es que el Señor nos enseña a
realizarla. Jesús declara específicamente que el pan es su cuerpo partido por
cada uno de nosotros, y que el vino es su sangre derramada por muchos para
remisión de pecados. Esto es una realidad espiritual. El cuerpo de Cristo, que es
su Iglesia, no tiene sustento fuera de Él.

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús,
la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y
dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto
en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado,
diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces
que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis
este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él
venga.”
1 Corintios 11:23-26 RV60

MILAGRO: MINISTERIO DEL SEÑOR Y SU IGLESIA

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a
Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía
para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió:

Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un
poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está
un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es
esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha
hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los
discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los
peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos:
Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron,
pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada
sobraron a los que habían comido.”
Juan 6:5-13 RV60

A partir de este milagro de alimentación multitudinaria, el Señor
Jesucristo manifiesta proféticamente su ministerio a través de la Iglesia.
Observando a la multitud, quiso proveerles de sustento para que no
desmayasen en el camino. De manera natural, esto era imposible dada la falta
de provisiones, sin embargo, a partir de cinco panes y dos pececillos, el Señor
sació a la multitud.
La multiplicación sobrenatural del alimento fue una manifestación de la
gracia de Dios para con su pueblo. La cantidad de pan representa el ministerio
quíntuple establecido por el propio Señor Jesucristo, para la edificación de su
Iglesia (Apóstoles; Profetas; Evangelistas; Pastores y Maestros. Efesios 4:10-12).
El Señor tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a sus
discípulos (Mateo 26:26-28), quienes a su vez, lo distribuyeron a la multitud
(Mateo 28:18-20). Palabras que se repiten en la Cena que el Señor celebró con
sus discípulos la noche en que había de ser entregado, como también al
delegar sobre ellos la Gran Comisión.
Luego de que la multitud fue saciada, el Señor ordena a sus discípulos
recoger los pedazos para que nada de lo sobrante se perdiera. El resultado
fueron doce cestas llenas de alimento. El número doce, correspondiente a la
cantidad de cestas llenas de alimento y al número de discípulos, guarda
relación con la manifestación del gobierno de Dios a través del ministerio
apostólico.
El Señor Jesucristo declaró que había sido enviado a las ovejas perdidas
de la casa de Israel y que no estaba bien dar el “pan de los hijos” a los perrillos
(gentiles). Su ministerio era primeramente a los “hijos”, es decir, al pueblo de
Israel, sin embargo, en cierta ocasión se enfrenta a una mujer griega, quien
reconociendo su propia condición de exclusión, declara que aún lo sobrante de
los hijos sería suficiente para saciar su necesidad. Su actitud de fe libera la
intervención del Señor a favor de su vida y su familia (Mateo 15:22-28).
Recordemos las “doce cestas” con pedazos sobrantes de la alimentación de la
multitud. El alimento es el propio Señor, y las cestas son los apóstoles, es decir,
el gobierno de Dios en la iglesia, llamados a ministrar la gracia de Dios por
medio de Jesucristo para que “nada se pierda”. Había pueblo que no era
pueblo pero que ha de ser alcanzado por medio de la fe en Jesucristo.

“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero
por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su
transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto
más su plena restauración?”
Romanos 11:11-12 RV60

lunes, 6 de agosto de 2012

JESUCRISTO: AUTOR Y CONSUMADOR DE LA FE


“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba
allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento
era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche [entre las 3:00 – 6:00 hrs.], Jesús vino
a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron,
diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló,
diciendo: Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor,
si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo
Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte
viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al
momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por
qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que
estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de
Dios. Y terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret. Cuando le conocieron los
hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron
a él todos los enfermos; y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su
manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.”
Mateo 14:23-36 RV60

LA FE PROVIENE DE LA PALABRA DE DIOS: “Pero en seguida Jesús les habló,
diciendo: Tened ánimo; yo soy, no temáis!”

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
Romanos 10:17 RV60

La revelación del carácter de Dios por medio de la Palabra, es decir, Jesucristo,
es el fundamento de nuestra fe (Mateo 11:27). La fe proviene de Dios, no existe otra
fuente verdadera, pues es fruto de su esencia (Gálatas 5:22 RV60). La manifestación de
este atributo de su carácter en nuestras vidas nos permite agradar su corazón
(Hebreos 11:6; 1 Pedro 1:9).
La fe es por Él y para Él, pues el Señor Jesucristo es el autor y consumador de la
fe (Hebreos 12:2).


LA FE ES UNA “CERTEZA Y CONVICCIÓN”: “Entonces le respondió Pedro, y
dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y
descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.”

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
Hebreos 11:1 RV60

La Fe no es tan solo necesaria para salir de nuestra comodidad, sino
para “llegar” al cumplimiento de aquello que Dios nos ha dicho. La esencia de la
palabra “ven” declarada por el Señor Jesucristo es “confía en que llegarás”.
Entendamos que dicha confianza no esta sujeta a las circunstancias, ni a nuestra

capacidad de entender y realizar aquello que nos es demandado, sino en que el
carácter de Aquel que nos llama es inmutable y el Reino que hemos recibido de Él es
inconmovible (2 Timoteo 2:13; Hebreos 12:28). La Palabra marca el camino verdadero
por el cual debemos andar, con nuestra mirada puesta exclusivamente en Jesús.
Debemos permanecer enfocados en Aquel que nos ha llamado.

Fe de Abraham:

Abraham no puso su mirada en la promesa, si no en Dios quien era fiel para
cumplirla, “[…] siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir
como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la
tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob,
coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene
fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios […]” (Hebreos 11:8-19 RV60)

Por causa de la fe y de su obediencia al llamado, Abraham tuvo una profunda
revelación del carácter de Dios. Poniendo su mirada en Él, estuvo dispuesto a
renunciar a lo que amaba, su hijo Isaac, y a causa de esto recibió un entendimiento
aún mayor respecto de los propósitos de Dios1, pues tuvo revelación del Cristo, el
cordero perfecto provisto por Dios (Génesis 22:1-18), y entendió que toda promesa
tiene su cumplimiento en Él, y que por lo tanto trasciende a lo natural.

INCREDULIDAD Y TEMOR: “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y
comenzando a hundirse.”


“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del
mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues,
quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es
inconstante en todos sus caminos.”
Santiago 1:6-8 RV60

La ausencia de fe, o incredulidad, da lugar al temor. En donde hay fe, hay
revelación de Dios. Dios es amor (1 Juan 4:8), y en el amor no hay temor (1 Juan 4:18).
La inseguridad no es superada enfrentando nuestros temores, sino conociendo
que Dios nos ama y que este amor ha sido derramado en nuestros corazones a través
del Espíritu Santo (Romanos 5:5).

Vientos de doctrina, enseñanzas engañosas:

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a
un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de
doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las
artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel
que es la cabeza, esto es, Cristo […]”

“Renuncia” está directamente relacionada con el desarrollo del entendimiento espiritual, pues
es necesario morir para hallar la vida en Cristo Jesús, es decir, la vida en el Espíritu (Mateo 10:39;
1 Corintios 2:14).

Efesios 4:13-15 RV60

Así como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, la incredulidad proviene de oír
y prestar atención a todo lo que no proviene de Él. Nuestra cultura se fundamenta
en enseñanzas humanistas, filosofías y sistemas de verdades que carecen de sustento
en Dios, pues sus argumentos, aunque en ocasiones “espirituales”, no revelan Su
carácter o esencia, la cual sólo es manifestada a través del Señor Jesucristo.
Todo lo que creamos y hagamos que no proviene de fe, es pecado, es decir, nos
aparta de Dios (Romanos 14:23b).

El propósito del engaño es hacernos naufragar: (Hechos 27:14)

“Euroclidón”: Viento oriental (Este) que genera violentas olas.
“Euro”: del Este, Oriente
“Kludón”: Ser llevado por las olas, oscilación violenta del mar, tempestad del agua, olas
embravecidas.

El viento viene para agitar las aguas, por lo tanto el problema no son las
circunstancias que enfrentamos en este mundo, sino los engaños que alteran nuestra
percepción respecto de éstas. El Señor Jesucristo, caminó sobre las aguas y se
mantuvo firme pues no caminó según lo que estaba delante de sus ojos (Isaías 11:1-3;
Juan 16:33). Él conocía su identidad, propósito y autoridad espiritual.
Cuando hablamos de este engaño nos referimos a la obra del “príncipe de la
potestad del aire” (Satanás), quien busca hacernos caminar en desobediencia,
conforme a los deseos de nuestra carne y según la voluntad de la carne y de los
pensamientos (Efesios 2:2).
No debemos vivir por vista o según aquello que se presenta codiciable a
nuestros sentidos, sino por Fe, mediante la cual somos guardados por el poder de Dios
para permanecer en Él (1 Pedro 1:5).

“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de
fuego del maligno.”
Efesios 6:16 RV60

LA FE ES “FIDELIDAD”: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

Fe: “Pistos”, Fiel.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a
Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
Hebreos 11:6 RV60

Fe guarda estrecha relación con “fidelidad”. Primeramente debemos confiar en
que Dios es fiel, pues esto es un atributo esencial de su carácter (2 Timoteo 2:13), y en
segundo lugar, debemos considerar nuestra fidelidad y compromiso hacia Él.
Generalmente entendemos que luego de ocurrida una infidelidad se instala un
clima de desconfianza difícil de superar, sin embrago, la “infidelidad es consecuencia

de la incredulidad”. Si no confiamos en el carácter de aquel que nos ha llamado, no
podremos permanecer fieles.

“Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te
pondré; entra en el gozo de tu señor.”
Mateo 25:21 RV60

Ser hombres y mujeres y de fe, no tiene que ver con lo poco o mucho que
podamos hacer, sino con conocer a Aquel que es fiel en todo, y permanecer en
obediencia a su voluntad con nuestra mirada puesta en Él.

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos.
Amén.”
Romanos 11:36 RV60

lunes, 30 de julio de 2012

Fundametados en la Roca


FUNDAMENTADOS SOBRE LA ROCA


 “Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”
Lucas 6:47-49 RV60

·                     CONTEXTO HISTÓRICO:

            Esta palabra fue declarada por el Señor Jesucristo, luego del sermón del monte. En Mateo la Biblia relata que cuando termino el discurso de enseñanzas sencillas, declaro estas palabras. El Señor habla acerca de poner la otra mejilla, de dar, de no afanarse, palabras simples, pero muy practicas respecto de la manifestación del carácter de un hijo de Dios. Estas palabras no tienen el objetivo de cargarnos o ponernos metas inalcanzables de comportamiento, sino darnos cuenta de que necesitamos de la manifestación del poder de Dios para poder vivir una vida que sea de alabanza a Él. No podemos pretender hacer todas estas cosas en nuestras fuerzas, pero entregando nuestro corazón al Señor, el mismo manifiesta de su carácter a nuestras vidas.

·                     CAVAR Y AHONDAR:

            El fundamento que es Cristo, no se encuentra en cualquier lugar. Es necesario que busquemos en el lugar indicado. Solo Jesús es el camino al Padre, y solo lo que viene de parte de Dios permanece para siempre. Es necesario que nuestro proyecto, aquello que deseamos construir sea conforme a la voluntad del Padre, poniendo nuestro fundamento, nuestro principio en Él.

§         Cavar:

            Cavar nos habla de retirar todo impedimento, todo obstáculo que se encuentra entre el conocimiento de Cristo y yo. Es un acto de renuncia, de despojarse de si mismo.

 “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”
Lucas 14:33 RV60

            Ser discípulo de Jesús implica renuncia. Como hijos de Dios somos llamados a ser semejantes al Señor Jesucristo, esto es por medio de la manifestación de su Espíritu Santo en nosotros. Es necesario dejar atrás lo viejo para dar paso a la manifestación de Dios a nuestra vida, de sus propósitos eterno. Para permanecer necesitamos construir donde el Señor esta construyendo hoy.

§         Ahondar:

            Ahondar tiene que ver con sumergirnos en la presencia del Padre, es profundizar en Él para  que descubramos en Él las riquezas de la revelación del Cristo. Como seres espirituales que somos necesitamos descubrir las riquezas celestiales que Dios tiene para nosotros.

 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”
Efesios 1:3-4 RV60

            Los lugares celestiales, son los lugares que debemos profundizar para descubrir las bendiciones del Padre. El declaró sobre nosotros palabras de verdad, nuestra real identidad, que podremos descubrir cuando tenemos un encuentro con Cristo. Cuando descubrimos las profundidades de Dios, encontramos propósito, ser santos, apartados con un objetivo, para alabanza de la gloria de su gracia, para ser hijos, para ser adoptados, y conocer de las riquezas de su sabiduría, para tener herencia en Él

 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”
Juan 5:39 RV60

            Por medio de Jesucristo, hemos recibido vida eterna, que no es solo una vida que no se acaba, sino que tenemos el privilegio de ser parte de una historia eterna. La vida tiene propósito, y cuando encontramos en la roca nuestra identidad, pasamos a ser parte de la historia eterna de la vida, que comienza en Cristo y termina en él. La palabra nos plantea un desafío, de saber que existe mucha más profundidad del Padre a ser revelada a nuestras vidas. Es Él mismo quien pone en nosotros un deseo ardiente por más de su presencia. Despojémonos de todo peso, de todo estorbo y busquemos en el Señor, en las profundidades de su presencia y sin duda encontraremos plenitud de vida.