FUNDAMENTADOS SOBRE LA ROCA
“Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras
y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al
edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando
vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo
mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante
es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual
el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”
Lucas 6:47-49 RV60
·
CONTEXTO HISTÓRICO:
Esta palabra fue declarada por el
Señor Jesucristo, luego del sermón del monte. En Mateo la Biblia relata que
cuando termino el discurso de enseñanzas sencillas, declaro estas palabras. El
Señor habla acerca de poner la otra mejilla, de dar, de no afanarse, palabras
simples, pero muy practicas respecto de la manifestación del carácter de un
hijo de Dios. Estas palabras no tienen el objetivo de cargarnos o ponernos
metas inalcanzables de comportamiento, sino darnos cuenta de que necesitamos de
la manifestación del poder de Dios para poder vivir una vida que sea de
alabanza a Él. No podemos pretender hacer todas estas cosas en nuestras
fuerzas, pero entregando nuestro corazón al Señor, el mismo manifiesta de su carácter
a nuestras vidas.
·
CAVAR Y AHONDAR:
El fundamento que es Cristo, no se
encuentra en cualquier lugar. Es necesario que busquemos en el lugar indicado.
Solo Jesús es el camino al Padre, y solo lo que viene de parte de Dios
permanece para siempre. Es necesario que nuestro proyecto, aquello que deseamos
construir sea conforme a la voluntad del Padre, poniendo nuestro fundamento,
nuestro principio en Él.
§
Cavar:
Cavar nos habla de retirar todo
impedimento, todo obstáculo que se encuentra entre el conocimiento de Cristo y
yo. Es un acto de renuncia, de despojarse de si mismo.
“Así, pues, cualquiera de vosotros que no
renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”
Lucas 14:33 RV60
Ser discípulo de Jesús implica
renuncia. Como hijos de Dios somos llamados a ser semejantes al Señor
Jesucristo, esto es por medio de la manifestación de su Espíritu Santo en
nosotros. Es necesario dejar atrás lo viejo para dar paso a la manifestación de
Dios a nuestra vida, de sus propósitos eterno. Para permanecer necesitamos
construir donde el Señor esta construyendo hoy.
§
Ahondar:
Ahondar tiene que ver con
sumergirnos en la presencia del Padre, es profundizar en Él para que descubramos en Él las riquezas de la
revelación del Cristo. Como seres espirituales que somos necesitamos descubrir
las riquezas celestiales que Dios tiene para nosotros.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares
celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo,
para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”
Efesios 1:3-4 RV60
Los lugares celestiales, son los
lugares que debemos profundizar para descubrir las bendiciones del Padre. El
declaró sobre nosotros palabras de verdad, nuestra real identidad, que podremos
descubrir cuando tenemos un encuentro con Cristo. Cuando descubrimos las
profundidades de Dios, encontramos propósito, ser santos, apartados con un
objetivo, para alabanza de la gloria de su gracia, para ser hijos, para ser
adoptados, y conocer de las riquezas de su sabiduría, para tener herencia en Él
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros
os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio
de mí”
Juan 5:39 RV60
Por medio de Jesucristo, hemos
recibido vida eterna, que no es solo una vida que no se acaba, sino que tenemos
el privilegio de ser parte de una historia eterna. La vida tiene propósito, y
cuando encontramos en la roca nuestra identidad, pasamos a ser parte de la
historia eterna de la vida, que comienza en Cristo y termina en él. La palabra
nos plantea un desafío, de saber que existe mucha más profundidad del Padre a
ser revelada a nuestras vidas. Es Él mismo quien pone en nosotros un deseo
ardiente por más de su presencia. Despojémonos de todo peso, de todo estorbo y
busquemos en el Señor, en las profundidades de su presencia y sin duda
encontraremos plenitud de vida.