lunes, 30 de julio de 2012

Fundametados en la Roca


FUNDAMENTADOS SOBRE LA ROCA


 “Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa”
Lucas 6:47-49 RV60

·                     CONTEXTO HISTÓRICO:

            Esta palabra fue declarada por el Señor Jesucristo, luego del sermón del monte. En Mateo la Biblia relata que cuando termino el discurso de enseñanzas sencillas, declaro estas palabras. El Señor habla acerca de poner la otra mejilla, de dar, de no afanarse, palabras simples, pero muy practicas respecto de la manifestación del carácter de un hijo de Dios. Estas palabras no tienen el objetivo de cargarnos o ponernos metas inalcanzables de comportamiento, sino darnos cuenta de que necesitamos de la manifestación del poder de Dios para poder vivir una vida que sea de alabanza a Él. No podemos pretender hacer todas estas cosas en nuestras fuerzas, pero entregando nuestro corazón al Señor, el mismo manifiesta de su carácter a nuestras vidas.

·                     CAVAR Y AHONDAR:

            El fundamento que es Cristo, no se encuentra en cualquier lugar. Es necesario que busquemos en el lugar indicado. Solo Jesús es el camino al Padre, y solo lo que viene de parte de Dios permanece para siempre. Es necesario que nuestro proyecto, aquello que deseamos construir sea conforme a la voluntad del Padre, poniendo nuestro fundamento, nuestro principio en Él.

§         Cavar:

            Cavar nos habla de retirar todo impedimento, todo obstáculo que se encuentra entre el conocimiento de Cristo y yo. Es un acto de renuncia, de despojarse de si mismo.

 “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”
Lucas 14:33 RV60

            Ser discípulo de Jesús implica renuncia. Como hijos de Dios somos llamados a ser semejantes al Señor Jesucristo, esto es por medio de la manifestación de su Espíritu Santo en nosotros. Es necesario dejar atrás lo viejo para dar paso a la manifestación de Dios a nuestra vida, de sus propósitos eterno. Para permanecer necesitamos construir donde el Señor esta construyendo hoy.

§         Ahondar:

            Ahondar tiene que ver con sumergirnos en la presencia del Padre, es profundizar en Él para  que descubramos en Él las riquezas de la revelación del Cristo. Como seres espirituales que somos necesitamos descubrir las riquezas celestiales que Dios tiene para nosotros.

 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”
Efesios 1:3-4 RV60

            Los lugares celestiales, son los lugares que debemos profundizar para descubrir las bendiciones del Padre. El declaró sobre nosotros palabras de verdad, nuestra real identidad, que podremos descubrir cuando tenemos un encuentro con Cristo. Cuando descubrimos las profundidades de Dios, encontramos propósito, ser santos, apartados con un objetivo, para alabanza de la gloria de su gracia, para ser hijos, para ser adoptados, y conocer de las riquezas de su sabiduría, para tener herencia en Él

 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”
Juan 5:39 RV60

            Por medio de Jesucristo, hemos recibido vida eterna, que no es solo una vida que no se acaba, sino que tenemos el privilegio de ser parte de una historia eterna. La vida tiene propósito, y cuando encontramos en la roca nuestra identidad, pasamos a ser parte de la historia eterna de la vida, que comienza en Cristo y termina en él. La palabra nos plantea un desafío, de saber que existe mucha más profundidad del Padre a ser revelada a nuestras vidas. Es Él mismo quien pone en nosotros un deseo ardiente por más de su presencia. Despojémonos de todo peso, de todo estorbo y busquemos en el Señor, en las profundidades de su presencia y sin duda encontraremos plenitud de vida. 

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