lunes, 13 de agosto de 2012
JESUCRISTO EL PAN DE VIDA
“Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el
pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y
el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”
Juan 6:48-51 RV60
SUSTENTO:
Definición: Alimentar, nutrir, dar de mamar, abastecer, engordar, hacer crecer,
criar, educar (Diccionario Strong, VINE nt.).
El sustento para la vida del hombre esta representado en la Biblia
principalmente a través de la figura del “pan” (Génesis 3:19; Salmo 104:15b;
105:40). El significado de esta “provisión” trasciende al plano natural, y debe
entenderse como aquello que da sustento a la vida. El Señor Jesucristo declara
lo siguiente: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale
de la boca de Dios.” (Mateo 4:4 RV60). De esta manera revela el carácter
primeramente espiritual del sustento que proviene de parte de Dios. Jesucristo
es la palabra viva (Juan 1:1), el pan de vida que nos sostiene y nos hace
permanecer en Dios.
“Me buscáis no por la señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.”
Juan 6:26 RV60
MANÁ / PAN DE VIDA:
Manifestación de la gracia de Dios: Recordemos que luego de la caída en Edén,
el sustento para la vida del hombre pasó a estar condicionado a su esfuerzo por
causa del pecado: “con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas
a la tierra.” (Génesis 3:19 RV60). La provisión sobrenatural del sustento es
manifestación de la gracia de Dios, es decir, del propósito reconciliador de Dios
para con los hombres por medio de Jesucristo, el único y verdadero sustento
para vida eterna.
Israel recibe el Maná en el desierto: El pueblo de Israel recibió el sustento
sobrenatural de manera natural. Su entendimiento estaba entenebrecido
a causa del pecado, pues murmuraban contra Dios anhelando el alimento
que tenían en Egipto. Aún sujetos a una mentalidad y un corazón esclavos,
su respuesta frente a la provisión de Dios fue decir “¿qué es esto?”, es
decir, “Maná” (Éxodo 16), no pudiendo entender que el “pan del cielo” era
más que un alimento físico, sino la manifestación de la gracia de Dios para
preservación de su pueblo, o sea, una figura profética del Cristo.
Jesucristo es el verdadero “Pan del cielo”: Los israelitas conocían a Dios
como proveedor, sin embargo dicho conocimiento era limitado por causa
de la dureza de sus corazones (Juan 6:30-31), la que a su vez daba lugar a
la incredulidad. Jesús se revela a ellos como el “Pan de Vida”, el verdadero
pan del cielo, aquel que siendo enviado por el Padre descendió del cielo para
dar vida a los hombres. No obstante ellos cuestionaron dicha revelación,
argumentando un conocimiento natural de Jesús que les volvía imposible
creer que el era la respuesta de Dios a la necesidad de sustento para sus vidas.
En cierta manera, así como sus padres declararon en el desierto: “¿Qué es
esto?”, el pueblo volvió a manifestar su desconcierto e insatisfacción frente a la
provisión de Dios.
“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del
cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios
es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.”
Juan 6:32-33 RV60
La insatisfacción frente a la provisión dispuesta por Dios (y la
murmuración antes, durante y después de recibirla) no dista de la realidad de
muchos cristianos, quienes poniendo su mirada solo en lo natural, ya sea en el
deseo de ser satisfechos en sus necesidades y/o placeres, así como encontrar
respuesta inmediata a los afanes del corazón, terminan por rechazar la
voluntad de Dios sobre sus vidas. El Señor Jesucristo nos llama a trabajar, no
por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la
cual solamente proviene de Él (Juan 6:27). Dicho alimento no es fruto de
nuestras propias fuerzas sino de la gracia de Dios sobre nuestras vidas, pues es
espiritual y corresponde a toda Palabra que sale de la boca de Dios (Mateo
4:4), las palabras de vida eterna que solo podemos encontrar en Jesucristo
(Juan 6:68). Tenemos la necesidad de pedir al Padre ese sustento espiritual
diario para permanecer en Él. Así como había una provisión para cada día en el
desierto, existe hoy, de parte de Dios, una provisión diaria para cada uno de sus
hijos.
“[Padre] el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.”
Mateo 6:11 RV60
PARTICIPAR DE ÉL:
Comunión: “Participación, la parte que uno tiene en algo”. El sustento viene
por “participar” del pan de vida (tener parte, recibir una parte), para esto, el
pan primeramente debe ser partido (Isaías 53). El Señor realizó la partición del
pan frente a muchos al alimentar a las multitudes, así como también lo hizo en
la intimidad con sus doce discípulos. El significado era el mismo, “solo quien
come de Él permanece en Dios y tiene vida eterna.”
“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le
resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi
sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí
permanece, y yo en él.”
Juan 6:54-56 RV60
El pan declarado por el Señor es su cuerpo: “Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue
sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5 RV60). El cuerpo y
la sangre del Señor fueron entregados para que tuviéramos parte con él
delante del Padre por medio de la fe. Comer del pan de vida es hacer nuestro
por la fe el sacrifico de Jesús en la cruz, declarando que por Él estamos muertos
a nuestra antigua manera de vivir, y que a su vez, hemos recibido vida
juntamente con Cristo para vida eterna, la cual ha sido dad a través del perdón
de nuestros pecados y la manifestación de su Espíritu sobre nuestras vidas. El
cuerpo de Cristo es también su Iglesia, pues “El pan que partimos, ¿no es la
comunión del cuerpo de Cristo? siendo uno solo el pan, nosotros con ser
muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” (1
Corintios 10:16b-17 RV60).
Cena del Señor: La cena realizada por el Señor Jesucristo junto a sus discípulos
es un acto espiritual. De esta misma manera es que el Señor nos enseña a
realizarla. Jesús declara específicamente que el pan es su cuerpo partido por
cada uno de nosotros, y que el vino es su sangre derramada por muchos para
remisión de pecados. Esto es una realidad espiritual. El cuerpo de Cristo, que es
su Iglesia, no tiene sustento fuera de Él.
“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús,
la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y
dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto
en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado,
diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces
que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis
este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él
venga.”
1 Corintios 11:23-26 RV60
MILAGRO: MINISTERIO DEL SEÑOR Y SU IGLESIA
“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a
Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía
para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió:
Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un
poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está
un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es
esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha
hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los
discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los
peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos:
Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron,
pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada
sobraron a los que habían comido.”
Juan 6:5-13 RV60
A partir de este milagro de alimentación multitudinaria, el Señor
Jesucristo manifiesta proféticamente su ministerio a través de la Iglesia.
Observando a la multitud, quiso proveerles de sustento para que no
desmayasen en el camino. De manera natural, esto era imposible dada la falta
de provisiones, sin embargo, a partir de cinco panes y dos pececillos, el Señor
sació a la multitud.
La multiplicación sobrenatural del alimento fue una manifestación de la
gracia de Dios para con su pueblo. La cantidad de pan representa el ministerio
quíntuple establecido por el propio Señor Jesucristo, para la edificación de su
Iglesia (Apóstoles; Profetas; Evangelistas; Pastores y Maestros. Efesios 4:10-12).
El Señor tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a sus
discípulos (Mateo 26:26-28), quienes a su vez, lo distribuyeron a la multitud
(Mateo 28:18-20). Palabras que se repiten en la Cena que el Señor celebró con
sus discípulos la noche en que había de ser entregado, como también al
delegar sobre ellos la Gran Comisión.
Luego de que la multitud fue saciada, el Señor ordena a sus discípulos
recoger los pedazos para que nada de lo sobrante se perdiera. El resultado
fueron doce cestas llenas de alimento. El número doce, correspondiente a la
cantidad de cestas llenas de alimento y al número de discípulos, guarda
relación con la manifestación del gobierno de Dios a través del ministerio
apostólico.
El Señor Jesucristo declaró que había sido enviado a las ovejas perdidas
de la casa de Israel y que no estaba bien dar el “pan de los hijos” a los perrillos
(gentiles). Su ministerio era primeramente a los “hijos”, es decir, al pueblo de
Israel, sin embargo, en cierta ocasión se enfrenta a una mujer griega, quien
reconociendo su propia condición de exclusión, declara que aún lo sobrante de
los hijos sería suficiente para saciar su necesidad. Su actitud de fe libera la
intervención del Señor a favor de su vida y su familia (Mateo 15:22-28).
Recordemos las “doce cestas” con pedazos sobrantes de la alimentación de la
multitud. El alimento es el propio Señor, y las cestas son los apóstoles, es decir,
el gobierno de Dios en la iglesia, llamados a ministrar la gracia de Dios por
medio de Jesucristo para que “nada se pierda”. Había pueblo que no era
pueblo pero que ha de ser alcanzado por medio de la fe en Jesucristo.
“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero
por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su
transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto
más su plena restauración?”
Romanos 11:11-12 RV60
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