martes, 16 de octubre de 2012

PERDÓN


“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y
el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus
ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis
a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”
Mateo 6:12-13 RV60

DEFINICIÓN:

Perdón1 significa remitir o liberar a alguien del castigo que merece a causa de
una deuda u ofensa (Deuteronomio 15:1-2).
El perdón es una de las expresiones más profundas del amor de Dios hacia una
persona (Juan 3:16; Efesios 2:4-5), pues por el gran amor con que nos amó, nos
permite ser reconciliados con Él por medio de la fe en Jesucristo (2 Corintios 5:14-21).
“Perdón” es un principio, es decir, una ley espiritual, por lo tanto debe ser
entendido tanto como una disposición del corazón (amar) así como una actitud a
tomar (perdonar). Hablar perdón es hablar amor, ambas cosas no pueden ser
entendidas ni practicadas por separado.

AMOR + PERDÓN = RECONCILIACIÓN

PERDÓN DIVINO:

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne,
os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.”
Colosenses 2:13 RV60

La Ley establece que el precio a pagar por causa del pecado es la muerte
(Romanos 6:23), pues sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados
(Hebreos 9:22). Toda la humanidad tiene esa deuda delante de Dios, por cuanto
todos pecaron (Romanos 5:12). Sin embargo, Dios dispuso enviar a su Hijo
Jesucristo para que en Él fuera pagado el precio de nuestro pecado, perdonando
nuestra deuda (Mateo 26:28), a fin de reconciliarnos con Él.

“Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré
mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me
acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay
más ofrenda por el pecado.”
Hebreos 10:16-18 RV60

PERDONAR A OTROS:

Perdón: Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente
(Diccionario RAE).

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano
que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta
setenta veces siete.”
Mateo 18:21-22 RV60

El gran mandamiento expresado por el Señor Jesucristo (Mateo 22: 36-40)
establece que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y así
también a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Como dijimos anteriormente,
cuando hablamos de amor debemos referirnos ineludiblemente al perdón. Ambos nos
fueron dados por gracia, y es de esta misma manera que el Señor nos ordena a actuar
con nuestros hermanos.
En respuesta a la pregunta del apóstol Pedro, el Señor Jesucristo se refiere la
necesidad de estar siempre dispuestos a perdonar a nuestros hermanos, así como Dios
lo ha hecho con nosotros (el número “siete” representa para los israelitas la perfección
y plenitud divina).
Amamos a Dios por que el nos amó primero (1 Juan 4:19), así también
necesitamos perdonar a otros como hemos sido perdonados por Cristo (Colosenses
3:13).

ATAR2 Y DESATAR3:

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será
atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”
Mateo 16:19; 18:18 RV60

Las “llaves del reino de los cielos” entregadas por el Señor Jesucristo la Iglesia,
corresponden a la autoridad delegada para remitir pecados (Juan 20:23), la cual es
fundamental para que podamos desarrollar el ministerio de la reconciliación que
hemos recibido de Él (2 Corintios 5:18-20).
La palabra “atar” guarda estrecha relación con “aprisionar”, puesto que
significa sujetar con cadenas para limitar o impedir el movimiento. En relación a esto
último, debemos recordar que el Señor Jesucristo vino justamente para publicar
libertad a los cautivos y a los presos apertura de la cárcel (Isaías 61:1-2). Dichas
cárceles son primeramente espirituales, y representan lugares de tormento para el
alma, por lo tanto, somos nosotros, la Iglesia, quienes tenemos la responsabilidad de
compartir las buenas nuevas, es decir, la reconciliación con el Padre por medio de la fe
en Jesucristo. El perdón es “liberador”, pues el Señor viene a desatar las ligaduras y
todo tipo de cadenas que nos impedían acercarnos a él, quitando de en medio la

Atar:
- Unir, juntar o sujetar con ligaduras o nudos. Impedir o quitar el movimiento (Diccionario RAE).
- Sujeto con dos cadenas. Ligar, envolver, sujetar, obligar, encadenar en el espíritu (Diccionario Vine
N.T.).
3 Desatar:
- Desenlazar una cosa de otra, soltar lo que está atado. Disolver, anular (Diccionario RAE).
- Abrir, soltar las cadenas, deshacer (una unión), quitar, derribar, quebrantar (Diccionario Strong)
- Destruir, abrir, separar (Diccionario Vine N.T.)

barrera separadora del pecado. El Señor nos ha dado autoridad para desatar y liberar
en su nombre, no podemos permanecer pasivos frente a esta responsabilidad tan
grande.

FALTA DE PERDÓN:

“Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te
perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte
compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y enojado, su señor
lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que
debía. Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno
perdone de corazón a su hermano.”
Mateo 18: 32-35 NVI

La falta de perdón, hace con que aquél que no perdona sea echado en
una “cárcel espiritual”. La deuda, como mencionamos anteriormente, corresponde al
precio a pagar por causa del pecado. Dicha deuda solo es cancelada cuando creemos
en Jesucristo y su obra redentora en la cruz. Así como recibimos el perdón por gracia,
debemos perdonar de la misma manera, de lo contrario, somos nosotros mismos
quienes padeceremos las consecuencias de la falta de perdón. Recordemos, la
consecuencia del pecado es la muerte.
Como todos entendemos, una cárcel corresponde a un lugar en donde estamos
privados de libertad. Así mismo ocurre en el mundo espiritual, cuando pecamos, y
específicamente, no perdonamos, somos puestos en una prisión, quedando cautivos,
impedidos de vivir en la libertad que el Señor Jesucristo liberó sobre nosotros al vencer
en la cruz.
Dios resiste a los soberbios (Santiago 4:6). La falta de perdón expresa la dureza
del corazón, y esto último es sinónimo de “soberbia”.

TOMAR ACUERDO4:

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca
de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos.”
Mateo 18:19-20 RV60

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será
culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será
culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el
concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por
tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu

Acuerdo:
- Determinar o resolver de común acuerdo. Resolver, determinar algo antes de mandarlo. Conciliar.
Convenio entre dos o más partes (Diccionario RAE).
- Convenir, concordar, sonar juntamente, armonizar (Diccionario Vine N.T.).

hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario
pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue
al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás
de allí, hasta que pagues el último cuadrante.”
Mateo 5:21-26 RV60

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